El fin de semana pasado el país se dividió en dos, los que querían que la construcción del aeropuerto en Texcoco continuara y los que querían la opción de reacondicionar el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca, y construir dos pistas en la base aérea de Santa Lucía.

La consulta ciudadana es un mecanismo de la democracia, que en nuestro país no estamos acostumbrados a utilizar, por el hecho de asumir que la democracia significa ir a votar el día de las elecciones, lo que en realidad es más bien un tipo de democracia y no la democracia.

En México, existe una ley que regula las consultas ciudadanas, sin embargo, las condiciones para que éstas se den son tan minuciosas que en lugar de regularlas, parece no querer que se realicen.

En los últimos años, han existido intentos de realizar otras consultas ciudadanas en nuestro país, pero gracias a las engorrosas condiciones impuestas por la Ley Federal de Consulta Popular (2014) ninguna de éstas se logró realizar. El PRD quiso realizar una sobre la reforma energética, el PAN una sobre los salarios mínimos y en 2014 el PRI quiso hacer una consulta para eliminar 100 diputados y 32 senadores de representación proporcional. En los casos anteriores la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechó las preguntas de dichos documentos al considerarlas inconstitucionales.

A razón de esto, escribo mi percepción sobre la consulta ciudadana, la cual no pretende ser una análisis sobre las opciones a elegir ni sobre el sustento legal de la misma (mismo que le dimos todos aquellos que fuimos a votar), sino más bien un relato sobre mi experiencia así como mi opinión sobre ésta.

El sábado fui a una de las casillas ubicadas en Mérida, me esperaba ver una fila muy larga de gente pero no, había unas cuantas personas entre los que iban a votar y los que eran parte del staff de “México Decide”, la plataforma del gobierno electo encargada de realizar dicha consulta.

Lo que más llamó mi atención al acercarme a la casilla fue la desorganización que preponderaba en el lugar. Me acerqué sin saber qué hacer y pregunté cómo se votaba, una señora de la fila me indicó que era del otro lado de la mesa donde entregabas tu credencial, por lo que me dirigí a entregar mi INE. En ese momento una señora que por su playera noté era parte del staff me dijo que “había fila y que no podía colarme”. Al mismo tiempo, otro señor también del staff empezó a pedir las credenciales, por lo que se la entregué cuando me dijo que del otro lado me entregaría mi boleta junto con mi credencial.

Entonces, regresé al otro lado de la mesa, en ese momento la persona a la que le entregué mi credencial dijo mi apellido y me entregó mi boleta, sin decirme nada más.

Delante de mí, habían otras personas, unas tomándose fotos en la urna y otras paradas justo frente a la mesa, razón por la cual no pude escuchar las indicaciones sobre cómo proceder con la boleta o con la tinta (si es que me dijeron alguna). Una persona que recién llegaba, me preguntó si ahí era la fila y yo procedí a darle indicaciones basándome en lo que yo había hecho antes. Cuando algunas personas se fueron del lugar, me percaté que había algunos lapiceros de diferentes colores en la mesa justo al lado de la tinta para marcar el pulgar.

La señora que estaba frente a mí estaba discutiendo sobre el Presidente electo y las personas de “México Decide” (unas 7 aproximadamente) le recomendaban mandar una carta al Presidente externando sus inconformidades. Como la señora no se movía y obstruía el paso, le pedí que me diera permiso para votar mientras una chica del staff me tomaba una foto (yo le pedí que me la tomara).

Durante todo ese tiempo, nadie me dio indicaciones de los pasos a seguir para votar ni de lo que tenía que hacer.

Con la señora aun discutiendo con el único señor que vi explicaba cómo votar y los pasos a seguir, me acerqué a preguntarle sobre la tinta y sí tenía que marcar mi dedo antes o después de votar. A lo que él me respondió que lo de la tinta era “accesorio”, entonces le pregunté para qué servía, a lo que otro señor me respondió que era para que ya no fuera a votar a otra casilla. Al final, opté por entintarme el dedo (como experimento).

Comentarios finales

El sábado más que estar enojada, me sentí decepcionada. Decepcionada no por darle la razón a los que alegaban no votar en virtud de no ser expertos en aviación pero sí, por darle la razón a los que cuestionaban una consulta prematura y costosa llena de fallas e irregularidades con una metodología débil y una ubicación de las casillas tendenciosa (poca cobertura en algunas zonas en donde la tendencia indicaba ganaría la opción Texcoco).

Si bien, estoy a favor y considero la consulta ciudadana es un precedente importante para la participación ciudadana en nuestro país, también estoy consciente de que la toma de decisiones políticas a través de consultas irregulares no es representativa, pues sin importar a donde se inclinaba la balanza, los resultados pudieron amañarse.

A pesar de resultar ganadora la opción por la cual voté, para mí la consulta fue una manera de legitimar una promesa de campaña y una manera en la que el Presidente Electo justificándose mediante el pueblo hará frente a los inversionistas y al sector privado de cualquier costo económico que está decisión traiga consigo. Me parece importante recalcar que la decisión de reacondicionar el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca, y construir dos pistas en la base aérea de Santa Lucía es una decisión presidencial y no una decisión del pueblo.

Si la nueva administración planea seguir utilizando este medio para la toma de decisiones, espero que las próximas consultas sean más confiables.